New Jersey no quiere a Tesla en sus carreteras

New Jersey no quiere a Tesla en sus carreteras

Una ley intenta frenar el auge de las tiendas Tesla, el fabricante de coches eléctricos de lujo que está revolucionando el mercado automovilístico americano.

El vínculo de los americanos con el coche, uno de los principales símbolos del “American Way of Life” está cambiando drásticamente. El carsharing ha conseguido sacar de circulación a más de medio millón de coches, los jóvenes prefieren tener Internet gratis a un coche propio y Tesla, el fabricante de coches eléctricos de lujo, comienza a dar beneficios y a poner nervioso a más de uno. Ahora es el turno de los distribuidores de coches locales de New Jersey. Y la cosa va en serio: quieren prohibir a Tesla en su estado. La tierra que vio nacer a Tony Soprano no se anda con chiquitas a la hora de defender su tradición.

 

Según un artículo de la revista Wired, los distribuidores se quejan de que Tesla es un fabricante que vende directamente su coche a los clientes finales. Para hacerlo, no recurre a la vieja fórmula de la venta de coches americanos: el aparcamiento gigante repleto de coches, el vendedor con exceso de laca y labia, etc. La forma de vender de Tesla se basa en dos pilares: experiencia en la tienda y compra online. La empresa de Silicon Valley combina como nadie la experiencia en la tienda, donde puedes probar el coche, conocer exactamente el funcionamiento y las ventajas que tiene un coche eléctrico para ti y para tu planeta, asesorado siempre por empleados jóvenes y majos que recuerdan más a los empleados gafapasta de Apple que al vendedor de coche de toda la vida. En la tienda te impregnas de la magia de Tesla y la compra la haces de forma online, no en la tienda.

 

Y ahí es donde los distribuidores ponen el grito en el cielo. Amparados por una ley de hace más de cien años, alegan que los fabricantes de coches no pueden vender directamente a los usuarios finales. Esto es cierto, pero arcaico. Para comprenderlo, hay que remontarse a los comienzos del siglo XX, cuando la industria automovilística gozaba de una salud envidiable. Por aquel entonces Detroit no era el cementerio viviente que es ahora y los fabricantes de coches eran junto con las petroleras lo que hoy son Google y Apple… y las petroleras: los reyes del mambo.

 

En aquellos años los fabricantes de coches como Ford y General Motors confiaban en sus distribuidores locales para vender sus vehículos. Todo iba bien hasta que los distribuidores comenzaron a recibir presiones de los fabricantes, que pretendían venderles más coches de los que podían colocar en el mercado local. Y les amenazaban, vaya si les amenazaban: O nos compráis lo que os decimos o cruzamos a la calle de enfrente y le vendemos a otro distribuidor. Los distribuidores se organizaron y pidieron ayuda a los políticos locales. Sobres de por medio y comisiones de todo tipo permitieron sacar una ley que promueve el monopolio y le asegura a un distribuidor que el fabricante deberá vender a través de sus tiendas los coches que fabrique. En aquel momento, el mismísmo Heny Ford tuvo que cruzarse de brazos.

 

Pero Elon Musk, creador de Tesla, no parece que vaya a quedarse cruzado de brazos. Este famoso emprendedor, un verdadero visionario, además de revolucionar la forma en que conducimos coches pretende construir una ciudad en Marte. Un lobby de distribuidores locales de New Jersey no parece que le vayan a amedrentar. El combate no ha hecho más que empezar, todos esperan que Tesla devuelva el golpe y solicite un cambio de la regulación, más acorde con estos tiempos donde la tecnología e Internet están revolucionando todo.

 

Tesla ahora mismo tiene dos grandes enemigos: los fabricantes de coches tradicionales, que ven en el coche eléctrico un enemigo que puede acabar con su negocio, y los distribuidores. Estos están más preocupados por el cómo, es decir, la forma que tiene Tesla de vender elimina al intermediario, es decir, a lo distribuidores. Como ha ocurrido con la industria musical o audiovisual, el intermediario cada vez lo tiene peor en la era de Internet. Ahora le toca el turno al coche.